domingo, 30 de septiembre de 2012

Lo siento

Sé que muchos esperábais un capítulo más y lo siento. Esta historia me ha dejado de gustar, y no puedo escribir algo que ya no me gusta, lo siento mucho. Peeero, he empezado ahora mismo y, espero que os guste. Así que me hacéis el favor de seguir y leer la historia de http://sonrieerespreciosa.blogspot.com.es/ me harías muuuy feliz. Muchas gracias por haberme seguido aquí y os prometo que si algún día me apetece seguir con esto, os avisaré. Gracias y os veo en http://sonrieerespreciosa.blogspot.com.es/ :)

lunes, 13 de febrero de 2012

CAPÍTULO 4 - ÉRICA


- ¡¿Qué?! - Debía de ser como la quinta vez que hacía esa pregunta en los últimos treinta segundos. Pero es que había una cosa que no entendía. Una cosa MUY GRANDE. ¡¿Por qué c****** había venido ese chico a por mí?! Nadie lo entendía. Bueno, lo entendían él y Angie, que no paraban de mirarse. - Bueno, ¡¿me lo vais a explicar o no?! - Me alejé un poco y les miré a los dos. Estaba totalmente estresada. Normal.
- Érica, relájate, en serio. Estás muy nerviosa - Dijo Hunter. - Todo esto tiene una explicación muy…
- Qué me relaje, dice. ¡Qué me relaje! ¡¿Cómo quieres que me relaje eh, listo?! Tú, un completo desconocido, por cierto, acabas de decirme que has venido a por mí. A POR MÍ. Yo creo que eso es un poco agobiante ¿no? ¡¿Cómo se relaja alguien en esta situación?!
- Respirando hondo. Venga no es tan difícil. - Contestó tranquilamente con una media sonrisa en los labios. Perfecto, me estaba vacilando. Es que ese chico me ponía de los nervios. Empezó a coger aire muy lentamente, lo mantuvo en los pulmones y lo soltó más despacio de lo que lo había cogido. - Venga ahora tú. - Continuó. - Inspiiira - Cogió aire. - Espiiiraa - dijo mientras lo soltaba.-
- Mira. - Le corté. - O me dices, me decís - miré a Angie – lo que pasa aquí o…
- ¿O qué? – Preguntó Hunter con su irritante tono de voz. - ¿Llamarás a la policía? ¿A tus padres? Lo negaremos todo. Así que las opciones te las doy yo: o te relajas y te lo cuento o te fastidias. – Tenía razón. Mucha razón. Respiré hondo, tal y como Hunter me había dicho. Se rió, triunfante. - ¿Ves? Vas a tener que ir acostumbrándote a aceptar que si haces lo que yo digo te irá mejor.
- Bueno – dije más calmada, pero en tono cortante, ignorándole completamente. -, ya me he relajado. ¿Me lo cuentas o no?
- Claro que sí. Pero…
- ¿Y ahora qué?
- Caaaaalma. Vas a tener que seguir dos reglas. Las típicas dos reglas, ya sabes.
- ¿Cuáles?
- Créeme. No va a ser fácil, pero me vas a tener que creer. Y no me interrumpas. No va a tener sentido hasta el final, así que espera a que termine, y si aún así, tienes preguntas, las haces. Pero al final. ¿Queda entendido?
- Sí.
- Oye chicos. - Intervino Angie.- ¿Y si mientras discutís, os contáis la historia y todo eso, vamos andando hacia casa? Es que está oscureciendo y no me apetece quedarme aquí mucho más.
- Vale. - Dijo Hunter.
- Ok – Dije yo.  Comenzamos a andar. – Pero empieza. YA.
- Bueno, sin exigencias, ¿eh? En fin, lo que tengo que aguantar… - Como lo odiaba, en serio. - A ver, ¿cómo te explico esto?- Continuó. - Pues verás, hay como, un especie de… de… de, llamémoslos, mundos paralelos. – Me estaba tomando el pelo. Perfecto. Abrí la boca para decirle algo. – He dicho, que no me interrumpas – Me cortó.-, y necesito que me creas. Érica, es importante. – Cerré la boca. – Bueno, ¿por dónde iba? ¡Ah sí! Los mundos paralelos. Pues de esos “mundos paralelos” – Hizo el gesto de las comillas con los dedos. –, hay cuatro. El tuyo, el número uno; el mío, el dos; el tres, y el cuatro. Además están comunicados entre sí por caminos. El camino más importante, llamado “El Camino”, es el que comunica tu mundo con el mío, los dos únicos mundos en los que hay gente y, por tanto, los más poderosos. Esos caminos, solo se pueden cruzar si eres un Viajero, como yo, o si vas acompañado de un Viajero, como hizo Angie hace unos diez años, ya que sus padres son Viajeros. Ser Viajero no es algo que se aprenda, sino que se nace Viajero, es una especie de gen. Cada Viajero tiene un nivel de energía distinto, según del mundo que sea. Ese nivel de energía es el que permite abrir los portales para entrar y salir de los caminos y avanzar por estos sin que desmoronen, ya que alterar el flujo de energía interno de un camino podría acarrear desastrosas consecuencias para los mundos. Hasta ahí todo bien. Pero hay un pequeño problema. La mayoría de los Viajeros de tu mundo se han juntado en una especie de organización y se hacen llamar los Guardianes. Quieren controlar el paso por los caminos, poniendo peajes, mandando sus mercancías, ya sabes. Ganar dinero fácil. Quieren juntar su energía y abrir y cerrar el camino según les venga en gana. Cosa que alteraría la energía interna de “El Camino”, lo desmoronaría y nuestros mundos acabarían por “caer”. Y terminaríamos todos muertos. ¿Hasta ahí lo entiendes? – Habíamos llegado ya a casa de Angie y estábamos subiendo a su habitación.
- ¿Sinceramente? – Asintió. – No.
- A ver, te haré un esquema. - Y cogió un bolígrafo y un folio y empezó dibujó algo como esto:



 - ¿Mejor? – Me preguntó, como si fuera tonta.
- Un poco. Pero sigo sin entender qué pinto yo aquí.
- Pues muy sencillo. Yo estoy unido a La Resistencia en contra de los Guardianes, en una organización llamada El Secreto. Y mi función es reunir a todos los Viajeros posibles para que al unir nuestras energías podamos impedir que los Guardianes controlen El Camino. ¿Me sigues?
- No mucho.
- A ver. Para entrar y salir de los caminos hay que pasar por unos portales, que solo los Viajeros, gracias a su energía, pueden abrir y cerrar. Cuantos más Viajeros se unan, más energía se concentra y más capacidad para abrir o cerrar portales se tiene. ¿Sí?
- Eso sí. Pero... sigo sin saber qué hago yo en todo esto.
- Vale. Tú eres una Viajera. Del mundo uno. Los Viajeros de tu mundo, por norma general, tenéis más energía que los del mío. Te necesitamos. Eres la única Viajera de este mundo que queda sin unirse a los Guardianes. Contigo seremos mucho más fuertes y, creo, que conseguiremos ganarles.
-¿Eh? A ver si me entero. Suponiendo que sea verdad lo que dices, ¿yo soy una Viajera, es decir, que puedo hacer viajes interdimensionales de algún modo, que me tengo que unir al grupo en el que estás tú para evitar que los Guardianes, que son unos Viajeros malos, se apoderen de El Camino, la vía entre tu mundo y el mío, o moriremos todos?
- Eh… sí.
- Pues, mira, por mucho que lo intente, no puedo creerte, la verdad.
- Érica – intervino de repente Angie. – dice la verdad. Mírame. Yo soy incapaz de mentirte. Me conoces desde hace mucho. Créeme a mí.
- Angie, yo…
- Por favor. - Me suplicó. Estaba a punto de llorar. – Sabes que no haría esto si no fuera importante.
- Mira, lo intentaré. Por ti. Pero no te prometo nada.
- Bien. - Dijo Hunter con una sonrisa en la cara. – Bueno, ¿nos vamos?
- ¿Ya? Pero no he preparado nada.
- Puedo esperar hasta mañana, no más. Es el tiempo que tenemos.
- Si quieres digo que te vienes de vacaciones conmigo.- Propuso Angie. – Mañana acaban las clases y mis padres participarán encantados.
- Vale… Pero no sé si mi madre me dejará…
- Tranquila mis padres se encargan.
- De acuerdo. – Suspiré. Seguía sin creerme nada, pero daba igual ¿no? Si era una especie de broma... Ya se vería como acabaría todo.
Los padres de Angie llamaron a mi casa y, misteriosamente, consiguieron convencer a mi madre. ¿Cómo? Eso nunca se sabrá. Aunque me hubiese gustado saber qué truco utilizaron con ella, para utilizarlo yo más a menudo. En fin.
El día siguiente transcurrió como cualquier otro día. Más o menos. Bueno, era el último día de clases del año y todo el mundo estaba nervioso. Yo por partida doble. Terminaron, por fin, las clases y nos fuimos a casa. Me puse a hacer la maleta con mi madre. Formalidades. No creo que fuera a llevarme la maleta a ese otro mundo, o lo que fuese. Pero tenía que parecer que me iba a la playa. Me despedí de mi madre y fui a hacer lo mismo con Brian.
- Eh feo, me voy. – Dije entrando en su cuarto. Se levantó de la cama para darme un abrazo.
- Bueno, pequeñaja, ya sabes: nada de irse con un surfero ¿eh? Que no me entere yo…
- Descuida. – Le abracé. – Te echaré de menos. – Esto lo dije pensando a donde me iba realmente.
- Te lo pasará bien, ya verás. – Me separó y sonrió. – Anda vete.
- Adiós. – Le sonreí. Y me fui.
Cuando llegué a casa de Angie estaban todos en el cuarto de mi amiga. Me abrió su padre, que me acompañó a la habitación.
- Hola. - Saludé al subir.
- Anda, mira, nuestra pequeña amiguita viajera. – Dijo Hunter con una sonrisa. Me iba a tener que acostumbrar a él, así que le ignoré. –
- Hola, Érica. – Dijeron, ignorándole también, Angie y su madre.
- Bueno, yo ya estoy. ¿Qué tengo que hacer?
- De momento, voy a abrir el portal. Como si fuera yo solo, para que no sospechen que vienes conmigo. –Dijo Hunter. – Luego pasaremos los dos. Y nos iremos. Ya verás. El Viaje te gustará. Es… relajante. – Me guiñó un ojo.
- Vale. – Intenté mostrarme totalmente indiferente ante él y su sexy guiño de ojo.
Hunter se puso a hacer no se qué con el espejo de Angie. Supuse que ese sería el portal. Qué típico. Un espejo como portal. Bueno, en algo tenían que basarse las películas.
- Mierda. – Dijo de repente, realmente asustado.- ¡Oh, no! ¡Venga ya!
- ¿Qué pasa, Hunter? – Inquirieron los padres de Angie, preocupados.
- Los Guardianes. Han tomado ya el Camino.

martes, 7 de febrero de 2012

CAPÍTULO 3 - HUNTER / ÉRICA


·HUNTER
Estaba ahí. Justo en frente de mí, a menos de metro y medio. Había soñado mil y una veces con ese momento. Si me lo proponía podría tocarla. Podría hablarla. Pero la realidad era que no podía hacer nada. NA-DA. Sentí como la sensación de impotencia me recorría el cuerpo, de la cabeza a los pies. Y volvía a subir. Miré sus ojos, verdes. ¿O eran azules? No, eran verdes, definitivamente. Los había visto ya muchas veces. Y su pelo. Castaño, claro, le caía perfectamente hasta los hombros. ¡Oh, Dios mío! ¿Por qué me habían mandado a mí a por ella? ¿Por qué a mí? Ah, sí, era el mejor. No siempre me alegraba de ello. Por mucho que me muriese por aquella chica tendría que ocultarlo y ser fuerte. Como llevaba haciendo toda la vida. Principalmente por El Camino. Por El Secreto. Porque mi abuelo me lo había dicho. Por mí. Por ella. Me alejaría todo lo que pudiese, estaba decidido.

-Encantada.-Me dijo tendiéndome la mano y con una sonrisa en la cara. Esto iba a ser muy difícil.-

No dije nada. Le estreché la mano con una sonrisa notablemente forzada. Quería sonreír de verdad, pero no podía. Lo haría por ella. Aparté rápidamente la mano. Sabía que Angie me mataría por esto, pero el tacto con la piel de Érica solo empeoraba las cosas.

·ÉRICA
Eh… ¿Perdón? ¿Aquel chico iba en serio? ¿De verdad? ¿Ni un “Encantado”? ¿O “Mucho gusto”? ¿O “Un placer conocerte, Érica…”? o un… ¡Bueno! ¡Será que no hay cosas que decir en estos casos! Incluso me pareció que le daba asco tocar mi mano.  Qué personaje… Miré a Angie con una de esas miradas que solo una mejor amiga puede entender. Me entendió.  Le propinó un codazo bastante fuerte en las costillas. “¡Au!” Pobrecito. En el fondo me daba pena. Acababa de conocerle y ya le estaba prejuzgando. A lo mejor era tímido y le costaba abrirse. Puede que no quisiera estar ahí, en casa de su prima. Quizás echase de menos a sus padres. Probablemente esperaba a alguien mejor que yo. Y no me extrañaba. Sinceramente, si pensaba que mi hermano estaba bien, era porque no conocía a Hunter. No es que Brian estuviese mal, no, para nada, solo que Hunter le daba mil vueltas. Mil y una. Para empezar, su cuerpo. Venga, ya sé que es un poco raro, y “fuerte” pero era algo… fascinante. Perfecto, simplemente perfecto. Él era perfecto. Su pelo, oscuro, medio castaño medio pelirrojo, pero muy oscuro. Y de tal manera cortado por lo que ningún pelo se salía de donde tenía que estar, pero no iba peinado. Era natural, lo normal. Y para finalizar, su punto fuerte, sus ojos. Grises. No, azules. No, una mezcla. Preciosos, profundos, transmitían todo lo que él estuviese dispuesto a enseñarte. Decían todo lo que él querían que supieras. “Aléjate” era lo que decían en ese momento. Y fue lo que hice. Me prometí no acercarme a ese chico jamás. Para mi suerte o mi desgracia, según como se vea, me fue imposible mantener esa promesa.

La tarde fue avanzando con normalidad. Paseamos por todo el pueblo, le enseñamos la plaza, la cafetería, la tienda de música… Bueno, enseñamos. Angie le enseñó, porque por aquel entonces yo mantenía mi promesa.

·HUNTER
Toda la alegría y amabilidad que había en Érica se habían desvanecido por completo. Me había comportado como un auténtico idiota. Bien. Si ella me odiaba me sería mucho más fácil el alejarme de ella. Qué inocente criatura era yo por aquel entonces. Las horas pasaban y los dos días que tenía que durar mi estancia aquí se estaban acabando. No podía más. Miré a Angie mientras me explicaba no sé qué de un parque. Cuando se fijó en cómo le miraba la guié con mi mirada hacia su amiga. Me entendió perfectamente y me miró igual. “Habla tú con ella” seguro que estaba pensando. “Yo no digo nada, ya sabes”. Es que me la imaginaba perfectamente hablando así, en fin. Parecía que no había cambiado tanto. Seguía siendo la misma niña que yo recordaba. Eso significaba que…
-Érica.-Dije automáticamente, sin pensar.

·ÉRICA
-¿Qué?-Pregunté intentando que se notase mi desagrado hacia a él. Pero la curiosidad pudo con la mala intención.

·HUNTER
-No he venido aquí solo para hacer una visita a Angie.-Miré a mi prima. Se había puesto detrás de Érica y me miraba con ojos de: “No la fastidies, por favor”. Bueno, solo me faltaba comunicarme telepáticamente con ella. En realidad creo que no hacía falta.

·ÉRICA
-¿Y por qué has venido?-Vale. Ahí sí que parecía muy intrigada en su vida.- Si se puede saber.-Intenté arreglarlo con un tono indiferente, pero no me salió muy bien. Además, me estaba poniendo de los nervios. ¿Qué quería decir con eso? Busqué a Angie, por si sabía algo. Vaya que si sabía. Se había puesto detrás de mí. Eso solo lo hacía cuando tenía cosas que ocultar.

·HUNTER
“Venga Hunter, suéltalo.” No podía. Pero tenía que hacerlo. Tenía que ser fuerte. Como mi abuelo. Me tragué  mi miedo y mi debilidad.


-A por ti.

lunes, 6 de febrero de 2012

CAPÍTULO 2 - HUNTER / ANGIE


·HUNTER
Hacía ya una hora que estaba al otro lado. Tenía que darme prisa. Antes de llegar había avisado, pero hacía ya mucho tiempo que no nos veíamos. Sus caras al verme fueron de sorpresa. Por lo que había crecido, dijeron. Hombre, la última vez que me vieron yo tenía cinco años. No es de extrañar. Hablé un rato con ellos, nada nuevo. Pero la niña adorable con el pelo rubio rizado que yo recordaba no había llegado. Era la única que me podía acercar ella.

·ANGIE
No sabía cómo demonios habíamos llegado a ese punto de la conversación. Había sido un día normal, hasta que lo vi en mi habitación, sentado en mi cama, esperándome. Saludarnos con un “Hola” es bastante, creo yo, después de diez años sin verle. Quizás once. Pero resultó que no era suficiente. Había venido aquí a por algo. Mi primo nunca se movía sin motivo. Me lo dijo sin rodeos. “Necesitamos a Érica Huge” habían sido sus palabras. Me negué, obviamente. La gente como él no era de fiar. “La cogerán…” blablablá “Todos moriremos…” blablablá “Será el fin”. No paró de repetir lo mismo las tres horas que estuvo tratando de convencerme.

-No.-dije por millonésima vez.- No permitiré que pongáis a mi mejor amiga en peligro. Nunca.

-Angie, por favor. Tengo que volver con ella. Es urgente. No te lo pediría si no lo fuera. Lo sabes.

-Llevo DIEZ AÑOS sin saber nada, sin enfrentarme a lo que soy, sin ver de dónde soy. Y no ha pasado todo ese tiempo para nada. No vais a poner en riesgo toda mi vida. Toda mi NUEVA vida. Ni tú, ni tu dichosa organización, ni nadie.

-Angie. Escúchame bien. Moriré yo. Morirás tú. Morirá ella. Caeremos. El Camino está débil. Quieren matarnos. A todos.

-¡Coged a otro!

-No hay otros, ese es el problema. Solo queda ella.

-Mira, por dejar de discutir. ¿Qué la vas a decir? ¿Le vas a mirar con tus ojos grises y ya? Tienes mucho encanto y todo lo que tú quieras, pero no se va a tragar eso de los diferentes lados. Ni con tus ojos. Recuerda, este lado es muy distinto al tuyo.-Me di cuenta de una cosa.-Al nuestro-Lo arreglé, y me sonrió.-

-Pero a ti si te creerá.-Me guiñó un ojo.

-¡¿Qué?! Oh, no. Ni de broma. Yo te la presento y tal, como mucho. De lo de hablar te encargas tú.

-Gracias, gracias, gracias. Oh, Angie. ¿Sabías que eres la mejor prima del mundo?-Me dio un beso en la mejilla-

-Bueno, bueno, ya basta de ataques cariñosos por hoy.-Le empujé. Se rió. Lo había conseguido. Ese chico tenía un encanto natural. Puede que solo conmigo. Yo conocía al niño de cinco años que antes de irme me dio un regalo. Para que no le olvidase. Para que siempre estuviese con mi primo.

Llamé a Érica. Tenía que hacerlo. Él me había prometido cuidarla. Me lo había prometido de corazón.

-¿Sí?

-Hola Brian-Sonreí- Soy Angie.

-Heeey, Angie, ¿qué tal guapa?

-Muy bien, jajá. ¿Me pasas con Érica porfa?

-Claaaaaro que sí, señorita.-Su tono de burla me hacía reír siempre.- Éricaaaaaa-se oyó por el teléfono. Tardó un rato en responder de nuevo- Bueno, te la paso, un beso.

-Adióoos.

-Hoooola

-Oye una cosa…

-Dime.

-Acaba de llegar mi primo a la ciudad y he pensado que si querías venir conmigo a enseñarle esto. ¿Te apetece?

-Por supuesto. Dame cinco minutos y estoy ahí.

-Vale, te espero, un beso.

-Hasta ahora.

Y efectivamente, Érica llegó en cinco minutos. Durante la espera, mi primo se puso muy nervioso. No sabría como decirle todo. Aquí eso es algo muy difícil. Pero porfin llegó mi amiga. Llamó al timbre tres veces seguidas. Como hacía siempre. Abrí la puerta. Mi primo estaba detrás mío.

-¡Hola!-Le dije a Érica nada más verla.

-Hola.-Sonrió a mí primo.-

-Hola.-Dijo este.-

-Bueno, Érica- llegó el momento de las presentaciones- este es mi primo, Hunter.

domingo, 5 de febrero de 2012

CAPÍTULO 1 - ÉRICA


Quería correr sobre la arena. Una vez más. Hacia el mar. Ya estaba acostumbrada al peso de mi tabla, eso no era lo que me impedía correr. Tampoco lo era el viento. No. No era nada de eso. El problema era aquel rostro anónimo, oscuro, pero conocido al mismo tiempo. Era esa cara que no llegaba a reconocer nunca pero que llevaba viendo desde siempre. Era ÉL. “Érica”. Reconocí mi nombre. “Érica, vamos Érica”.

-Érica, cariño, despierta.

No. No. No. ¿Por qué existirían los lunes? Mi madre seguía llamándome. Debían de ser las siete. “Hora de levantarse” pensé instintivamente. “Venga, Érica, que tú puedes”. Y abrí los ojos. Lo primero que vi fue a mi madre. Me sonrío. Sus ojos verdes, cansados y apagados desde lo de papá, me miraron. Me dio un beso en la mejilla.

-Buenos días cielo.

-Buenos días mamá.-Respondí, aún dormida-

-¿Qué tal has dormido?

Se me ocurrió la fugaz idea de decirle lo de mis sueños. Como todas las mañanas. Pero no se lo dije. Como todas las mañanas. “Algún día”.

-Bien.-Y le sonreí.

-Me alegro.

Se fue. “A levantar a Brian” supuse. Y, cómo no, acerté. En ese momento se escuchó un refunfuño procedente de la habitación de al lado. Mi hermano mellizo odiaba los lunes aún más que yo. Sonreí un poco y me levanté a ver a Brian. Me llevaba muy bien con él desde lo de papá, la verdad. Era casi un verdadero amigo. Sinceramente, no sé cómo. Antes, siempre nos estábamos peleando, pegando, insultando. Pero al ver a mamá destrozada hicimos una especie de pacto, como sincronizados. Sin decirnos nada. Ambos sabíamos que teníamos que cambiar. Y cambiamos.

-Hola feo.-Le dije sonriendo nada más entrar en su habitación.

-Buenos días enana.-Siempre me estaba recordando que es el mayor por siete minutos. Era un pesado. Pero le seguí la broma. Costumbre.

-Siete minutos.-Repuse haciéndome la enfadada.-

-Siete laaaaaaaaaaaaaaaaargos minutos por los que soy mayor.-Sonrió. Adoraba cuando sonreía. No lo hacía mucho. Y, sinceramente, yo necesitaba verlo sonreír. Él era el fuerte de los dos y si él no podía, yo tampoco.

Brian seguía en la cama, con el pantalón de su pijama puesto. Solía dormir así, sin camiseta. Y, por muy hermano mío que sea tengo que decirlo: Brian estaba bien, MUY bien. No me extrañaba para nada que tuviese a la mismísima Sussane White detrás de él. Pero él se merecía algo mejor. Por eso lo había dejado ese mismo fin de semana con ella. Sussane no era que digamos una buena chica. En fin.

-Bueno, venga pesado. Levántate y baja  a desayunar, ¿quieres?

-Vale, ya voy.

Después de desayunar nos lavamos, vestimos, peinamos, etc. Llamaron a la puerta. Era Michael Adam, Mike, el mejor amigo de Brian. Nos fuimos al colegio andando, como siempre. Y como siempre pasamos a recoger a Angélica Hoston, Angie, mi mejor amiga desde siempre, que vivía cinco casas más abajo. Antes, solían ir Brian y Mike primero y luego yo iba a buscar a Angie, pero desde lo de papá… todo es diferente desde lo de papá. Empecé a recordar la escena. No quería. Dolía.

<< 22 de Julio. Año 2005. Son las tres de la tarde. Hace dos horas que hemos comido y ya podemos bañarnos. Estas dos horas he estado entrenando. Cojo la tabla. Miro a mi padre. Este asiente con la cabeza, en señal de aprobación. >>

“No Érica, no.” Pensé para mí misma. “Ya sabes como acaba. Piensa en algo distinto. Una canción” No se me ocurrió nada. “¡Corre!” Wonderwall, de Oasis.

<< Corro por la arena. >>

En mi mente empezó a sonar la canción:

“Today is gonna be the day that they’re gonna throw it back to you.”

<< No me detengo. Ya casi estoy en el agua. >>

“By now you should have somehow, realised what you gotta do”

<< Estoy feliz, contenta. El surf es lo que más me gusta en el mundo. Como siempre. >>

 “I don’t believe that anybody feels the way that I do, about you now”

<< Vuelvo a mirar hacia mi padre, con una gran sonrisa para que vea que le estoy agradecida por enseñarme. >>

“Back beat the word is on the street, that the fire in your heart is out”

<<  No está. Le busco, por todas partes. Le llamo. Nada. Se ha ido. Para siempre. >>

“I’m sure, you’ve heard it all before, but you never really have a doubt”

<< Grito. Muy fuerte. Estoy muy asustada, no paro de temblar. Las lágrimas salen de mis ojos en cascada, una detrás de otra, sin parar. >>

“I don’t believe that anybody feels that way that I do, about you now”.

<< Busco el móvil de papá. Llamo a casa. Brian lo coge. Viene en seguida y me abraza. >>


Le agarré la mano a Brian, que estaba justo al lado de mi mano derecha, lo más fuerte que pude. Me miró extrañado. Pero en seguida reconoció mi cara. Aquella con la que, hace unos seis años me vio tirada en la playa, cuando se me habían acabado las lágrimas y le conté lo que había pasado. Y me pasó un brazo por encima de los hombros y me atrajo hacia sí. Como solía hacer desde entonces. Protegiéndome. De mis miedos. De mi culpa. Era mi hermano mayor. Por siete minutos, pero era el mayor; era el fuerte. Me lo recordaba siempre. Como estaba haciendo aquella mañana bajando al colegio.

PRÓLOGO – HUNTER


Fui a verle por última vez antes del Viaje. Tenía que informarle. Era el máximo comandante de El Secreto y era necesario que conociera la noticia. Además, yo tenía que preguntarle qué pasaría. Lo sospechaba, pero tenía que estar seguro. Aunque doliese. Me colgué la mochila al hombro. No pesaba. Llevaba ropa para dos días. No podía durar más. Empujé la gran puerta y entré en el salón. Y allí estaba, mirando por la ventana. Con aire nostálgico. Triste. Impaciente.


-Señor.-Hice una reverencia y un escalofrío me recorrió la espalda. El mero hecho de pronunciar esa palabra, hacia él, hacía que quisiese retirarme de aquello. Pero no podía. Por todos. Por mí. Por ella. Había demasiado en juego y, aunque parezca un poco egoísta por mi parte, yo era una pieza clave en ese asunto.


-Dime.-Parecía implacable, invencible. No apartó la vista de la ventana. Nadie que le viese entonces podría imaginar que él, precisamente él, se encontraba en esa situación. Daba miedo. Pero yo le conocía muy bien. Y sabía que estaba sufriendo. Por la presión. Por su salud. Por mí.


-Hay noticias de allí.-Dije despacio. Se le iluminó el rostro y pareció, por un momento, que albergaba aún un poco de esperanza; la cual ambos sabíamos con certeza que había desaparecido hace mucho tiempo.- Los Viajeros están siendo retenidos.-Adiós esperanza.-Los Guardianes están por todas partes. Es prácticamente imposible pasar. Solo algunos lo consiguen. Los más rápidos.


-Tú lo conseguirás. Eres el mejor de aquí, no lo olvides.


-Puede que consiga ir. Pero, ¿volver? ¿Con ella? No sabe viajar. Si voy muy rápido se perderá. Nos cogerán.-Decía esto, sabiendo que era verdad. Pero quería ir y verla, por fin, de verdad. Poder tocarla.


-Pero es necesario que venga. Lo sabes tan bien como yo.


-Ya.-Esperé un poco, pensando detenidamente mis próximas palabras ¿Puedo hacerle una pregunta?-Se la iba a hacer de todas formas. Pura cortesía.


-Sí.


-¿Qué pasaría si no viniese?-Sabía la respuesta. Pero quería que me la dijese él. También sabía que intentaría evitar contestar.


-Vendrá. Lo dice La Profecía. Se ve en La Cueva. Va a venir. Lo conseguirás.


-Ya, pero, ¿y si es todo una farsa?-Insistí. Tenía que responderme a esto. Luego le lanzaría la pregunta del millón. La que él sabía de antemano que le iba a preguntar.- ¿Y si eso de que lo conseguirá es una invención, otro sueño más? O si me equivoco de persona. ¿Qué pasará entonces?


-Que se cerrará El Camino. Está empezando. Ya lo has visto. Guardianes por todos lados. Lo quieren retener para su uso. Y cuando lo dominen se cerrará. Para siempre. Sin la energía de los viajeros El Camino morirá. Y si el camino muere los dos extremos caerán. Ya lo sabes.


-¿Y si ella no es la indicada?


-Lo es. Y te dije que no te enamorases.- Touché.- No me has hecho caso.


-¿Qué? ¿De qué habla?-Sabía de qué hablaba. Perfectamente.


-Ella. Probablemente no sea para ti. Más bien tú no seas para ella. No te desilusiones si eso ocurre.-Bueno, parecía que ya no tendría que preguntarlo. Mejor. En realidad no.


Me quedé callado. Me di la vuelta y empecé a caminar hacia la puerta.


-Hunter.-Me llamó.-


-¿Qué?


-Cuídate, por favor.-Me di la vuelta. Había dejado de mirar a la ventana y ahora me miraba a mí. Había dejado de ser mi jefe para ser quien era siempre. Tenía los ojos vidriosos. Iba a llorar. No podía ser. Él nunca lloraba. Esto tenía que acabar. Corrí hacia él y le di un abrazo, como cuando era pequeño. Noté su barba blanca mojada. Había estado llorando.


-Te lo prometo, abuelo.- Tardé un rato en decirlo, pero lo dije. Y me separé.



Me dirigí hacia la puerta. Pero antes de cruzarla miré atrás. Seguía mirándome. Le sonreí. Asintió con la cabeza y me indicó que me fuera. Eso hice.

Hola:)

Bueno, empezaremos este blog presentándonos un poco. Aquí vamos a ir colgando (normalmente siempre publicará aquí la misma, pero da igual jaja), cuando podamos, trocitos de una historia que se llama "Un mundo de espejismos". Somos Lucys y esperamos que os guste muuucho esto, un besito ^^