domingo, 5 de febrero de 2012

PRÓLOGO – HUNTER


Fui a verle por última vez antes del Viaje. Tenía que informarle. Era el máximo comandante de El Secreto y era necesario que conociera la noticia. Además, yo tenía que preguntarle qué pasaría. Lo sospechaba, pero tenía que estar seguro. Aunque doliese. Me colgué la mochila al hombro. No pesaba. Llevaba ropa para dos días. No podía durar más. Empujé la gran puerta y entré en el salón. Y allí estaba, mirando por la ventana. Con aire nostálgico. Triste. Impaciente.


-Señor.-Hice una reverencia y un escalofrío me recorrió la espalda. El mero hecho de pronunciar esa palabra, hacia él, hacía que quisiese retirarme de aquello. Pero no podía. Por todos. Por mí. Por ella. Había demasiado en juego y, aunque parezca un poco egoísta por mi parte, yo era una pieza clave en ese asunto.


-Dime.-Parecía implacable, invencible. No apartó la vista de la ventana. Nadie que le viese entonces podría imaginar que él, precisamente él, se encontraba en esa situación. Daba miedo. Pero yo le conocía muy bien. Y sabía que estaba sufriendo. Por la presión. Por su salud. Por mí.


-Hay noticias de allí.-Dije despacio. Se le iluminó el rostro y pareció, por un momento, que albergaba aún un poco de esperanza; la cual ambos sabíamos con certeza que había desaparecido hace mucho tiempo.- Los Viajeros están siendo retenidos.-Adiós esperanza.-Los Guardianes están por todas partes. Es prácticamente imposible pasar. Solo algunos lo consiguen. Los más rápidos.


-Tú lo conseguirás. Eres el mejor de aquí, no lo olvides.


-Puede que consiga ir. Pero, ¿volver? ¿Con ella? No sabe viajar. Si voy muy rápido se perderá. Nos cogerán.-Decía esto, sabiendo que era verdad. Pero quería ir y verla, por fin, de verdad. Poder tocarla.


-Pero es necesario que venga. Lo sabes tan bien como yo.


-Ya.-Esperé un poco, pensando detenidamente mis próximas palabras ¿Puedo hacerle una pregunta?-Se la iba a hacer de todas formas. Pura cortesía.


-Sí.


-¿Qué pasaría si no viniese?-Sabía la respuesta. Pero quería que me la dijese él. También sabía que intentaría evitar contestar.


-Vendrá. Lo dice La Profecía. Se ve en La Cueva. Va a venir. Lo conseguirás.


-Ya, pero, ¿y si es todo una farsa?-Insistí. Tenía que responderme a esto. Luego le lanzaría la pregunta del millón. La que él sabía de antemano que le iba a preguntar.- ¿Y si eso de que lo conseguirá es una invención, otro sueño más? O si me equivoco de persona. ¿Qué pasará entonces?


-Que se cerrará El Camino. Está empezando. Ya lo has visto. Guardianes por todos lados. Lo quieren retener para su uso. Y cuando lo dominen se cerrará. Para siempre. Sin la energía de los viajeros El Camino morirá. Y si el camino muere los dos extremos caerán. Ya lo sabes.


-¿Y si ella no es la indicada?


-Lo es. Y te dije que no te enamorases.- Touché.- No me has hecho caso.


-¿Qué? ¿De qué habla?-Sabía de qué hablaba. Perfectamente.


-Ella. Probablemente no sea para ti. Más bien tú no seas para ella. No te desilusiones si eso ocurre.-Bueno, parecía que ya no tendría que preguntarlo. Mejor. En realidad no.


Me quedé callado. Me di la vuelta y empecé a caminar hacia la puerta.


-Hunter.-Me llamó.-


-¿Qué?


-Cuídate, por favor.-Me di la vuelta. Había dejado de mirar a la ventana y ahora me miraba a mí. Había dejado de ser mi jefe para ser quien era siempre. Tenía los ojos vidriosos. Iba a llorar. No podía ser. Él nunca lloraba. Esto tenía que acabar. Corrí hacia él y le di un abrazo, como cuando era pequeño. Noté su barba blanca mojada. Había estado llorando.


-Te lo prometo, abuelo.- Tardé un rato en decirlo, pero lo dije. Y me separé.



Me dirigí hacia la puerta. Pero antes de cruzarla miré atrás. Seguía mirándome. Le sonreí. Asintió con la cabeza y me indicó que me fuera. Eso hice.

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